Comentarios: Hola a todos, me llamo Nuria y tengo 22 años. He visitado por primera vez vuestras páginas hace como 3 meses y vuelvo de vez en cuando para leer los testimonios y comentarios del foro por los cuales me identifico con casi todos.
Yo también era muy escéptica a los consejos que ustedes dan en la página “Cómo tratar la onicofagia”. Pero no por incredulidad como decía Pablo, sino más bien por ”fatalismo”. Había dejado de luchar contra este vicio por
falta de voluntad y porque no pensaba lograr un día terminar con esta vergüenza. Mis amigos me dicen que soy una chica muy guapa, elegante, de buen gusto y con un carácter muy sociable, pero cuando ven mis dedos (si puedo llamarlos así),
no acaban de creérselo. Todos me hacen las mismas preguntas, qué me pasa con mis uñas, y porqué había llegado a tal extremo por mordérmelas. En efecto, he transformado mis dedos en horribles salchichas, que tengo que esconder cerrando siempre los puños vaya donde vaya.
Cuando leí el testimonio de Pablo y su comentario de cómo él había acabado con morderse las uñas, por el solo hecho de masticar una raíz de regaliz, primero me invadió un sentimiento de gran frustración, por haber leído vuestros consejos sin hacerles caso,
y segundo, porque conocía esta raíz por haberla probado un par de veces cuando era muy pequeña (6 o 7 años) en la casa de campo de mi habuela. Es tal y como la describe Pablo. La conseguí fácilmente y por nada. Mi habuela tenía guardada un montón para diferentes usos.
Hoy hace 12 días que empecé a masticar esta raíz y ni una sola vez he vuelto a morderme las uñas. Y sé que nunca volveré a mordérmelas. Siguiendo vuestros consejos, la mastico solamente en los momentos que activan, provocan o estimulan mi vergonzoso vicio. Me pregunto cómo
he podido llegar a tal estupidez, sufrir tanto tiempo y causarme tanto daño, cuando tenía la solución cerca de mí. Puede que antes fuese ciega y ahora vea, como dice el evangelio. Gracias Pablo y gracias con gratitud a todos los que han hecho de este sitio una tabla de salvación. Volveré para contaros mis progresos.